Oro líquido, es dura y blanda, dulce y amarga, liquida y solida tal cual como la vida misma, como para no dedicarle una parte de nuestro proyecto en su honor, producto propio de la tierra en la que estamos asentadas, perfume que llama la atención en nuestra infancia, sabor a dulce de nuestra niñez, alimento contundente de hombres duros, botica sana para los mayores y cera con fuego eterno para los que nos dejan y no queremos olvidar, un ciclo el de la miel que bien merece se le dedique una de nuestras pallozas, una vez más de lo mismo, decoración acorde al elemento así como el color, que permitiría múltiples tonalidades dependiendo siempre de origen natural del producto, de la naturaleza en la que las trabajosas e incansables abejas hayan hecho su recolección de polen, que siempre fijara el sabor y el color inconfundible de la miel y de la tierra en la que ha sido recolectada, siendo además de un producto exquisito, un fiel testigo y notario incontestable de su procedencia.
Como curiosidad comentar a los profanos que las abejas al recolectar el néctar de distintos árboles y flores producen distintos tipos de miel y de diferentes colores.
Así, por ejemplo, la miel de castaño tiene un tono ámbar oscuro con matices dorados, la del brezo un color ámbar oscuro con tonos rojizos y la de montaña producida por las abejas en zonas donde predomina la presencia de castaño, brezo, zarzamora, tiene un tono ámbar oscuro, aunque lo son todas, suele ser esta última variedad la más propia de nuestro entorno.
No deja de ser interesante como fuente de energía y vitamina, la miel, debiendo ser este un motivo más que suficiente para dedicarle cualquier homenaje, y para hacer una visita a nuestro entorno, en el que se produce tan preciado manjar y más sabiendo que esta contiene innumerables vitaminas, siendo el complemento energético más importante que la naturaleza ha producido, son las mieles claras un importante fuente de vitamina A que nos ayuda a mantener el buen estado de nuestro organismo; por el contrario las mieles oscuras nos aportan beneficios antibacterianos, así como vitamina B y C.
En conclusión, que bonito haber dedicado una palloza a la miel, manjar de dioses, bien se lo merece el mejor producto que la tierra nos ha dado, gracias por ello al cielo, pero no quita que desde la tierra hagamos un esfuerzo en homenajearla, sin olvidar plantar flores para poder perpetuar el legado que nos dejaron y pasarlo mejorado a nuestros hijos, haciendo que el ciclo continue endulzándonos la vida, como pretendemos desde este humilde rincón.
“Las flores están llenas de miel, pero solo la abeja descubre la dulzura”. Johann Wolfgang von Goethe